Haz lo que quieras, porque puedes hacerlo. Ninguna palabra podrá cambiar eso. Ni ninguna etiqueta.
De ti depende que hoy sea un día para recordar o un día para guardar en la carpeta de “Cosas para olvidar” que aunque no queramos, todos tenemos almacenada en algún rincón de nuestra cabeza, donde acabaremos guardando el diagnóstico.
También el segundo aquel en el que nuestra vida dio un giro de 180°C y tuvimos que reaprender a querernos. Y a querer lo que veíamos. Y las primeras preguntas, las primeras confesiones o los primeros miedos.
Supongo que de esto se trata. De ir almacenando los obstáculos que han ido apareciendo como setas desde que sonó tu nombre por primera vez. De ir archivando lo malo para que todo lo bueno que está por venir pueda ir ganando espacio.
No. Pasar del momento más oscuro al paisaje más luminoso no es tarea fácil. Sobre todo, porque no nacimos con la lección aprendida y tampoco estaba como asignatura obligatoria. Pero para un segundo a mirar dónde estás, a quién ves, en quién te has convertido. Y disfrútalo, porque la capacidad de disfrutar de cada instante no queda alterada al oír tu nombre.
No, Esclerosis Múltiple. Hoy no podrás mirarme desde arriba. Si acaso desde dentro. Desde la carpeta que guardo de “cosas para olvidar”.
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