fortaleza miedo Muévete por la EM

Nil Desperandum

Si de pequeña me hubieran preguntado qué era lo que más miedo me daba, hubiera respondido que el monstruo de las galletas viniera a por mí.

No hubiera pensado en la crisis, ni en las hipotecas, ni en el paro. Ni muchísimo menos, hubiera pensado en la Esclerosis Múltiple.
Y es que la vida no está programada para nadie. Ni está advertida. Ni nos da pistas de por donde tirar o no tirar.

Parece que nos deja únicamente vivir al descubierto, sin escudo y sin barreras y, sobre todo, sin opción a escoger nuestros miedos.
Parece que nos deja únicamente aceptar el veredicto. Aceptar un diagnóstico.
Y llorar, gritar y quejarnos. Negar y reivindicarnos hasta el último de los suspiros.

Puede que jamás hubiera imaginado un presente como este, puede que en el colegio nadie me enseñara cuestiones de esperanza, a combatir el miedo más profundo o a vivir sonriendo con una enfermedad como la Esclerosis Múltiple.
Pero tampoco hubiera imaginado nunca descubrir en mí una pequeña heroína, una pequeña y gran luchadora de circunstancias que, contra todo pronóstico, sigue y seguirá dando guerra.
Dándole guerra a la Esclerosis Múltiple.
Hasta dejarle sin voz, sin fuerza y sin derechos sobre cómo y cuándo aparecer en mi vida.

Da la cara por la Esclerosis Múltiple.
Porque sí. Seguiremos. Porque como dice Macaco, hoy sabemos que lo importante, es soñar.

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